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Seguro que te ha llamado la atención el título de este artículo. Pensarás, «pero bueno, ¿es que hay alguien que no sepa cuál es la diferencia entre leer y estudiar?» La teoría la sabemos todos; eso está claro. Pero la realidad es que en muchas ocasiones perdemos el tiempo leyendo, cuando deberíamos estar estudiando. Y eso, sin olvidar que la lectura es una parte fundamental del proceso de estudio… Si todo esto se te está «haciendo bola», no te preocupes. Vamos a ver qué diferencia hay entre ambos procesos, y cómo sacar todo el partido a la lectura para llegar a estudiar casi sin darnos cuenta. ¿Te apuntas?
Si estás preparando unas oposiciones y tienes sobre la mesa unos cuantos tochos que asimilar, es probable que no sepas por dónde empezar. Los métodos clásicos de estudio, que suelen funcionar bien, sugieren empezar leyendo los temas completos antes de ponerse a hincar codos. Porque está claro: hay una diferencia muy clara entre leer y estudiar. Fíjate bien:
La cuestión es que podemos leer un texto sin comprender en absoluto lo que significa, y sin quedarnos con la información más importante. Seguro que alguna vez te ha pasado eso de tener que leer un párrafo cuatro o cinco veces, hasta que has sido capaz de entender lo que estabas leyendo… Es lo que sucede cuando no practicamos lo que se conoce como «lectura activa». Es decir, el proceso según el cual entendemos los textos a medida que los vamos leyendo. Por ejemplo, cuando estás leyendo una novela que te apasiona y no puedes parar.
Por lo tanto, podemos decir que la diferencia entre leer y estudiar está en que la lectura es una herramienta del proceso de estudio, que además se puede utilizar para otras funciones: el ocio, sin ir más lejos. Y estudiar es asimilar información, de manera que los conocimientos terminan por convertirse en habilidades. ¿Un ejemplo? Cuando estudias inglés, adquieres conocimientos de gramática, fonética y semántica que después se convierten en tu habilidad para comunicarte en ese idioma.
Como verás, la lectura activa es una parte importantísima del proceso de estudio. Piensa que si cada vez que vas a estudiar un tema tienes que leer cada párrafo un porrón de veces, estarás perdiendo el tiempo a espuertas. Si por el contrario, cada vez que lees una línea comprendes lo que dice (¡ojo! Hablamos de comprender, no de aprender; eso vendrá después), tendrás mucho terreno ganado. Cuando vuelvas a retomar el tema y te pongas ya a estudiar en serio, recordarás lo que has leído y tendrás un trozo del camino recorrido.
Y ahora, la pregunta del millón: ¿Cómo diablos puedo entrenar la lectura activa? ¿Cómo evitar que se me vaya la cabeza a la última pantalla de ese videojuego que me tiene loco? Pues no hay una regla infalible, pero sí una serie de ejercicios que podemos practicar. Cuanto más constante seas y más los pongas en práctica, más lo notarás. Quédate con algunos de ellos:
Ya tienes todo el temario sobre la mesa, en pdf o en papel (casi mejor, si lo quieres subrayar…). El escritorio, bien ordenadito; los lapiceros con la punta afilada, nuevos marcadores de colorinchis, post it molones y el portátil y los cascos silenciadores a mano. Ya no hay excusa: hay que ponerse a estudiar y aprovechar el tiempo a tope, de cara a esas oposiciones que te cambiarán la vida. La verdad es que es un momento aterrador, aunque también ilusionante.
Y como de lo que hablamos hoy es de la diferencia entre leer y estudiar, es el mejor momento para descubrirla. No te pongas a empollar de memoria la primera página o terminarás frustrándote en muy pocos días. En su lugar, tómatelo con calma. Planifica cuántos temas estudiarás cada semana (uno, dos… Dependerá del tiempo que tengas hasta los exámenes) y empieza leyendo el primer tema completo.
No intentes memorizar los contenidos, pero acuérdate de lo que hemos hablado sobre la lectura activa. Haz una primera lectura con atención, concentrándote en lo que lees pero sin presión por asimilarlo. Y cuando la termines, haz una segunda lectura poniendo en práctica los consejos que he listado antes. Poco a poco, se te irán quedando los conceptos más importantes. Y a partir de la tercera lectura es ya el momento de empezar a estudiar.
Métodos hay muchos, pero en todos intervienen el subrayado, los esquemas, la repetición, el acting y la visualización. No te pierdas este artículo en el que se revisan varios de los métodos de estudio más populares: será una buena ayuda para empezar.
Creo que la diferencia entre leer y estudiar ha quedado bastante clara. Y como sé que no ves el momento de ponerte manos a la obra, déjame que te eche una mano. En primer lugar, te invito a rellenar el formulario que aparece a la derecha de este artículo. No te preocupes; no supone compromiso alguno para ti. Si lo haces, en breve recibirás toda la información que necesitas de uno de los mejores métodos para aprobar oposiciones que tienes hoy a tu disposición.
Cuando digo que es de los mejores, no es hablar por hablar. Cada año, más de 4.500 aspirantes a una plaza pública escogen este método; y son incontables los que alcanzan su meta. Si te animas a ser uno de ellos, pasarás a formarte con un programa online y con apoyo presencial (con centros físicos en 30 capitales españolas). Contarás con una planificación hecha a tu medida, que se adaptará a tus rutinas, tu vida familiar e incluso tu trabajo o estudios, si los vas a compaginar.
El curso permite estudiar donde quieras, desde tu casa o en los centros de formación. Y muchos temas se imparten en forma de clases telepresenciales, para que puedas interactuar con los profes y los compañeros y resolver tus dudas en directo. No me extiendo más: si quieres saber más, ya depende solo de ti. ¿Estás listo para dar un paso más hacia tu meta?
