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Historia del peinado de la permanente

Repasa con nosotros la historia de la permanente y descubre la importancia de esas ondas sin fin que tanto siguen gustando.
, Historia del peinado de la permanente

    La permanente es una técnica de rizado del pelo que se utiliza para ondular y rizar cabellos tanto lisos como ya rizados, pudiendo llegar a durar entre tres y seis meses. Se trata de un proceso estético que lleva gozando de gran popularidad desde prácticamente su invención hasta la actualidad. No obstante, la técnica que conocemos hoy en día dista mucho de cómo era este procedimiento antaño, en el que, aunque resulta difícil de creer, entrañaba ciertos riesgos a la hora de su aplicación.

    Desde aquí, haremos un repaso a la historia de la permanente para que conozcas la importancia de esas ondas sin fin que tanto siguen gustando.

     

    Primeras tenazas térmicas para ondas en pelo largo

    La primera persona en producir el primer “aparatejo” que permitía ondular el cabello fue Marcel Grateau, en 1872, quien ideó un par de tenazas especialmente fabricadas que a simple vista más bien parecían un aparato de tortura. Bromas aparte, su aplicación era tremendamente peligrosa porque eran calentadas sobre una llama de gas o alcohol para, posteriormente, comprobar la temperatura correcta sobre un papel periódico, antes de aplicarlas en el cabello.

    El diseño de las tenazas térmicas era la clave para dar forma y obtener esas ondas tan deseadas. Consistía en dos brazos que encajaban uno dentro del otro haciendo de la aplicación un proceso sencillo, siempre y cuando el peluquero tuviese la destreza suficiente. Aunque no por ello, resultaba menos peligroso.

    Así pues, el peluquero encargado recogía un mechón de cabello hacia sí mismo, manteniéndolo en cierta tensión, mientras se aplicaban las tenazas desde la raíz del cabello hasta la punta. En el momento de la aplicación, se movían ligeramente las tenazas, produciendo una onda continua plana o bidireccional. El proceso en sí era sencillo, siempre que el peluquero no acercase demasiado las tenazas al cuero cabelludo de la modelo, siendo únicamente válido para el pelo largo.

    Una peculiaridad era que, en función de cómo moviese la muñeca, este podía producir ligeras variaciones de la onda. A pesar de que era un medio térmico que podía llegar a degradar el cabello, el proceso inventando por Marcel continúa siendo extrapolable en los aparatos de hoy en día.

    Durante el siglo XIX, y principios del XX, existía una tendencia al pelo largo en mujeres. Sin embargo, en 1920, con la llegada de la subcultura flapper, empezaron a verse inclinaciones por el pelo corto como una forma de protesta hacia lo tradicional. Fue en ese momento cuando el pelo corto comenzó a verse con mayor encanto frente a los largos cabellos ondulados, siendo cuestión de tiempo que se crease un aparato de permanente para el pelo corto.

     

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    Karl Nessler: el peluquero alemán inventor del método de calor espiral

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    Imagen anuncio de la máquina para hacer ondas de Nessler en el SXX. (Dominio público de Wikipedia)

    En 1905, el peluquero alemán Nessler mejoraría la técnica de Grateau adecuándola a un mejor uso para personas. Según otros escritos, se le considera como el inventor oficial de la onda permanente al haber estado trabajando en la idea desde 1896. Su inspiración le llegó al observar, mientras trabajaba de joven como pastor, como la lana de las ovejas se rizaba constantemente a diferencia del cabello humano, por lo que, movido por su gran curiosidad quiso reproducirlo en personas.

    El método que había inventado se llamó calor en espiral, puesto que el cabello se envolvía en espiral en unas varillas que estaban conectadas eléctricamente.

    Los primeros ensayos de la técnica fueron realizados con su esposa Katharina Laible, fallando estrepitosamente al quemarle completamente su cabello y algunas partes del cuero cabelludo. Vaya compromiso ¿no? Podría haberle costado el divorcio…

    Esta primera prueba de fuego de la técnica de la permanente utilizaba alrededor de doce rodillos de latón de 1kg de peso cada uno, en los que se enrollaba el cabello humedecido con sosa cáustica alcanzando la temperatura de 100 °C. Ahora entendemos por qué Katharina se quedó sin cabello en los primeros intentos.

    Sin embargo, a pesar de este primer fracaso, fue mejorando progresivamente su máquina eléctrica llegando a ser usada en Londres en 1909, para las permanentes de los cabellos largos de la época. A pesar de estas sustanciales mejoras, las cosas no parecen irle bien a Nessler  ya que, a causa del estallido de la Primera Guerra Mundial, es encarcelado meramente por su nacionalidad alemana, hasta que en 1915 logra escapar con un nombre falso en un barco de vapor a la ciudad de Nueva York.

    En ese nuevo país, descubriría que se estaban usando cientos de copias falsificadas de su máquina de permanente, pero que no gozaban de buena reputación al ser poco seguras o funcionar mal.

    Pasarían únicamente cuatro años para que presentase su rizador de cabellos mejorado en la Oficina de Marcas y Patentes de los Estados Unidos. En 1919 desarrolla un kit de bricolaje para permanentes y abre una cadena de salones de belleza.  Su salón más destacado era en el número 8-14, East 49th Street de Manhattan. Ocho años más tarde, su cadena de tiendas tenía más de quinientos empleados con sucursales en Nueva York, Chicago, Detroit, Palm Beach y Filadelfia.

    Nessler también desarrollaría una máquina de permanente para uso doméstico que se vendía por quince dólares. Si bien, en Estados Unidos disfrutó de cierto prestigio, lo cierto es que en Europa tuvo poca repercusión y ni tan siquiera le fueron reconocidos sus primeros intentos como inventor de la permanente, al ser considerados demasiado engorrosos y peligrosos.

    Sus trabajos en los años siguientes se centrarían en métodos de regeneración de la piel, prevención de arrugas y regeneración del cabello.

     

    Isidoro Calvete y Eugene Suter: fabricante y peluquero

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    Imagen que muestra a Eugene Suter en 1920 trabajando en una versión temprana de la máquina de ondulación permanente diseñada por Isidoro Calvete (Licencia de Creative Commons)

    Isidoro Calvete fue un inmigrante español que se encargaba de la reparación y fabricación de material eléctrico en su taller propio de Londres. En 1917, en un momento en el que comenzaba a haber demanda de material eléctrico para la realización de ondulaciones permanentes eléctricas, el peluquero Eugene Suter le encargó a Calvete un modelo de calentador de cabello compuesto por dos bobinados que se insertarían en un tubo de aluminio.

    Este modelo, que resultaba muy útil para la aplicación de la permanente en cabellos cortos, llegaría a ser patentando por el peluquero, al igual que el resto de los aparatos del equipo de peluquería que sería diseñados posteriormente por el fabricante español.

    Desde el primer momento, Eugene se dio cuenta de la importancia del mercado y diseñó varios, haciéndole la competencia a Nessler, que había sido el primero en empezar en Londres. Las disputas entre los tres por las similitudes que compartían varios de sus diseños o el infringimiento de patentes fueron numerosos en los años siguientes.

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    Imagen de 1934 que muestra cómo se enrollaba el cabello: en la parte superior se enrollaba pegado a la raíz y en los laterales se enrollaba en punta para conectar los calentadores de croquignole. (Licencia Libre de Creative Commons)

    La permanente, sin lugar a duda, evolucionó gracias a la mejora de los distintos calentadores que eran utilizados para su aplicación. Como han sido muchos los cambios que ha sufrido este aparato, decidimos enumerar a continuación sus momentos claves.

    • Método enrollado de raíz. El cabello se separaba en 22 mechones que eran enrollados de forma individual en cada rizador empezando desde el cuero cabelludo —de ahí su nombre— para continuar a lo largo del mechón.
    • En 1924, el peluquero checo, Josef Mayer, diseña el método de devanado de puntos. En este caso, el cabello se pasaba a través de una pequeña pinza, donde se enrollaba y se sujetaba posteriormente a los dos extremos de un rulo. Este método fue mejorado por Isidoro Calvete más adelante en búsqueda de un mayor margen de estilo del peinado.
    • El tema de sujetar los rulos era lo más controvertido, al principio se amarraban al techo, pero luego fueron sustituidos por una máquina que estaba formada por un tubo de metal vertical de la que suspendían los calentadores. Al tratarse de una máquina bastante costosa para la época, al principio tenían pocos calentadores debiendo realizarse el proceso en varias etapas. Con el tiempo, se llegaron a incorporar hasta 22 piezas por lo que ahí, el proceso de permanente iba a toda máquina, nunca mejor dicho.

    Dos elementos que estaban claros en la aplicación de la permanente eran el calor más un reactivo que acelerase el proceso de ondulación.

    Uno de los hándicaps a salvar en el procedimiento era evitar el sobrecalentamiento y acelerar la ondulación del cabello. Al principio se trabajaba sobre el pelo húmedo, el vapor mejoraba el proceso y evitaba posibles quemaduras. Sin embargo, al buscar una aceleración en el proceso se comenzaron a utilizar reactivos que mejoraban los resultados. Entre los más populares se encontraban el bórax y el amoníaco que eran relativamente inofensivos y funcionaban bien.

     

    J. Bari-Woollss: el químico que estudio el cabello para buscar la onda perfecta

    Hasta 1930, el proceso de la permanente era más bien a base de prueba y error, siendo meramente experimental en función del peluquero. Movido por las ansias de conocer más sobre la química del cabello, Calvete decidió contratar al químico Bari-Woollss, para que le aportase mayores datos sobre la química del cabello. Entre los datos arrojados sacó información sobre el proceso de enrollado, el tipo de cabello, la tensión y tirantez del enrollado o la superposición y el tono.

    Sus investigaciones continúan siendo relevantes hoy en día, por ejemplo, investigó como el enrollado en punta tendía a producir más rizos, o como al enrollado desde la raíz era tridimensional como si de una escalera de caracol se tratase.

    Destacó principalmente por sus investigaciones acerca de la reducción del factor redox con el que se buscaba romper los enlaces de la queratina en el cabello para que la ondulación se realizase con mayor facilidad.

    Sus conferencias resultaron muy populares entre los profesionales de la peluquería llegando incluso a escribir el libro: The Manual of the Permanent Waver.

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    Imagen que muestra la máquina fabricada en 1923 por Icall para Eugene. (Licencia de Documentación Libre GNU)

     

    Los años dorados de la permanente a partir de 1930

    La permanente en los años 30 aumentaba su popularidad, la mayoría de las mujeres habituaban arreglarse el pelo una vez a la semana y entre los tratamientos habituales que se realizaba una vez cada tres meses, debido a su durabilidad, se encontraba la permanente.

    Con el tiempo, los peluqueros mejoraron la técnica y se redujo el trabajo que llevaba a aplicarla; la demanda aumentó y cada vez más personajes como: estrellas de cine, famosos o personas ricas lucían sus cabellos con permanente.

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    Máquina inalámbrica de onda permanente presentada por Icall Limited en 1934 para satisfacer la demanda de la creación de una máquina en la que no hubiese conexión directa a la electricidad cuando se aplicaban los calentadores. (Licencia Libre de Creative Commons)

    Debido a este gran aumento del número de permanentes, se llegaron a hacer muchas máquinas que eran copias “mejoradas” del equipo original. Algunas de ellas las condensamos en la siguiente lista:

    • Nessler se incorpora de nuevo al mercado británico e introduce un sistema en el que el cabello se secaba y se introducía en tubos de celofán huecos que estaban sellados por ambos extremos. También experimentó sustituyendo el agua por aceite en la aplicación en el cabello.
    • MacDonald. Con este sistema, ya no se utilizaba un calentamiento eléctrico directo sobre el cabello, sino que el vapor era generado en una caldera que se encontraba separada. La mayor ventaja de este sistema era que se evitaban los riesgos de sobrecalentamiento y de descarga eléctrica en el cabello, aunque todavía no eran evitables las quemaduras.
    • A Gallia. La novedad de este sistema era que aquí por primera vez el cabello era humedecido con un reactivo, consiguiendo acortar mucho más los tiempos de moldeado.
    • Este método era popular en los Estados Unidos porque no usaba electricidad y el resultado se conseguía a través de una reacción química del contenido de una almohadilla de algodón con agua.
    • Wella-Rapide. En este sistema alemán se utilizaban exclusivamente calentadores de croquignole y se trabajaba con voltaje reducido.
    • Frigidine fue uno de los pocos, aparte de Icall, en utilizar un mecanismo de sincronización y calentadores de baquelita.
    • Vapeur Marcel era una máquina francesa basada en los mismos principios que MacDonald.

    Un ejemplo de estas máquinas aparentemente tediosas pero que daban resultaba, es el mostrado en la siguiente fotografía

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    Todas estas máquinas incorporaban grandes mejoras, pero ninguna tan importante o novedosa en su propio funcionamiento como la permanente aplicada en frío de la que te contaremos seguidamente.

     

    Las permanentes ácidas y permanentes modernas

    En 1938, Arnold F. Willatt inventó por primera vez la permanente en frío, en la que no se usaban máquinas ni calor y que se convirtió en la precursora de la permanente moderna.

    Parece mentira que, tras diversos accidentes de quemaduras en el cabello, por fin apareciese un método con mayores garantías de seguridad. Pero ¿Cómo lo consiguieron?

    En este caso se aplicaba un químico que rompía los enlaces entre la queratina del cabello, responsables de elasticidad, y se aplicaba una loción para adaptar el cabello a la forma de la barra. Todo el proceso duraba de seis a ocho horas a temperatura ambiente, pareciendo poco práctica su aplicación; sin embargo, no nos olvidemos del resto de procedimientos anteriores que resultaban todavía aún más tediosos.

    La técnica sucesivamente iría mejorando en el tiempo hasta que en el 1970 se inventaron las permanentes ácidas.

    Estas permanentes a veces denominadas como ondulaciones amortiguadas eran más lentas, pero también más suaves para el cabello; en lugar de aplicarles amoníaco se utilizaba monotioglicolato de glicerilo. Además, únicamente se agregaba calor colocando a la persona debajo de una secadora, posteriormente a cubrirle la cabeza con una gorra de plástico.

    Este sistema, ha sido el que ha marcado el método empleado en las permanentes actuales modernas en el que se emplea tioglicolato de sodio y se consigue completar el proceso de tan solo 15 a 30 minutos. El alisado permanente funciona de igual modo, aunque consiguiendo un acabado alisado en lugar de rizado con las varillas.

    Otros tipos de permanentes modernas son las exotérmicas en las que se programa y calienta automáticamente el cabello. También existen las permanentes libres de tioglicolato con pH bajo o neutro. Actualmente, ha evolucionado tanto el procedimiento que incluso han surgido las permanentes digitales, inventadas y patentadas por la empresa japonesa  Paimore Ltd.

    Hemos llegado al final de este amplio recorrido por la historia de la permanente, deseamos hayas disfrutado y sobre todo esperamos hayamos despertado en ti las ansias de practicar una de estas permanentes como profesional. Y… ¿cómo puedes lanzarte al mundo del cabello?  Definitivamente, con nuestro Curso de Peluquería y Estilismo, estarás preparado/a para practicar este peinado y enredarte elaborando muchos más.

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