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En este artículo veremos qué es una argumentación jurídica, cuáles son sus características principales y cómo debería realizarse para ser eficaz. En este sentido, si tienes pensado preparar alguna oposición de Justicia, saber argumentar de forma sólida y amparándote en la ley es una habilidad tremendamente útil.
¡Sigue leyendo si quieres conocer todos los detalles!
La argumentación jurídica consiste en exponer ordenadamente razones de tipo jurídico para defender una determinada postura relacionada con el ámbito del Derecho.
Por tanto, no es más que una forma muy específica de argumentar.
Así, la RAE define este término como «aducir, alegar, dar argumentos». En el caso de la argumentación jurídica, la única diferencia radica en que estos argumentos deben estar amparados en el Derecho: leyes y otras normas jurídicas, jurisprudencia, etc.
Una vez aclarada esta definición básica, es el momento de comprender su importancia. Es el alma del sistema legal: gracias a ella, los profesionales del derecho disponen de la capacidad de presentar y argumentar sus casos para lograr una resolución a su favor.
Realizarla de manera correcta influye en la forma de interpretar y aplicar las leyes. Una buena argumentación inclinará la balanza de la justicia, convenciendo a quien la reciba, tanto si se trata de un juez, como de un jurado popular, de un ente administrativo, etc.
Fundamentalmente, se emplea en los siguientes contextos:
Si quieres realizar una buena argumentación de carácter jurídico, hay ciertos aspectos clave que deberías tener muy en cuenta. Para prepararla y desarrollarla de manera correcta, tienes que seguir los pasos que te contamos a continuación:
Para empezar a trabajar en los argumentos, necesitas la información. Todo empieza por una correcta investigación de la información jurídica relacionada con tu caso. Normativa, doctrina y jurisprudencia serán tus fuentes para preparar el caso. Cuantos más datos obtengas, más fácil será argumentar a tu favor y más sólida será tu postura.
El segundo paso es buscar los puntos más relevantes de tu caso. Al aislarlos y separarlos del resto, podrás comenzar a construir tu posicionamiento. Una correcta argumentación empieza por identificar las pruebas más importantes del caso y trabajar sobre ellas.
La estructura de tus argumentos es fundamental para alcanzar el resultado que deseas.
Por tanto, secciona el texto centrando cada apartado en los diferentes puntos clave que has identificado anteriormente. Para ordenarlos, usa la lógica: de más relevante a menos.
Encuentra un patrón gracias a casos anteriores similares al tuyo. La jurisprudencia puede ser una baza importante para ti.
Consigue que esas sentencias previas se conviertan en un apoyo para tu posicionamiento, aunque no tengan el mismo peso que en sistemas jurídicos anglosajones.
Céntrate en el análisis minucioso de los distintos aspectos del caso y en el apoyo legal a favor de tus argumentos. Verifica siempre que la normativa que uses esté plenamente vigente y que no haya habido cambios sustanciales en la jurisprudencia.
En un juicio o en cualquier argumentación jurídica, importa más la razón que el sentimiento, aunque también se ponderan principios de equidad y justicia material.
Por tanto, basa tus alegaciones en la lógica y construye una argumentación basada en las pruebas, la ley y razonamientos sin fisuras. Descarta todo aquello que te parezca débil.
Tus razones tienen que resultar comprensibles para quien las lea o escuche.
No es necesario usar un lenguaje enrevesado o innecesariamente complicado. Pero, eso sí, tiene que ser muy preciso, técnico y acorde con el estilo generalmente aceptado en el ámbito jurídico.
Ponte en la posición contraria para identificar tus puntos débiles. En tu propia argumentación, incluye las refutaciones que necesites para contrarrestar los argumentos de la parte contraria. Si refuerzas tus carencias con lógica y fundamentos sólidos, le quitarás poder al que está enfrente.
Aunque la ley manda, siempre es interesante apoyarse en argumentos de ética y justicia que puedan reforzar tu posición. Ahora bien, no deben contradecir frontalmente el texto y espíritu de la ley.
Sé coherente a lo largo de toda tu exposición. Recuerda empezar con una introducción en la que presentes los puntos principales, un cuerpo en el que los desarrolles y acabar con una conclusión de repaso.
Por último, reafirma tu posición para dejar clara tu postura.
Dependiendo del ámbito en el que estés desarrollando tu argumentación, trata de adecuarte a modelos similares en cuanto a la estructura del documento, contenido esencial, etc.
Como puedes comprobar, la argumentación jurídica es la base de cualquier confrontación legal. Al final, no importa en qué lado estés: si te dedicas a este mundo, es importante que sepas argumentar de forma sólida, bien fundamentada y con el estilo adecuado al contexto.
En definitiva, aunque realizar una buena argumentación jurídica requiere práctica y una formación adecuada, no tiene por qué resultar complicado. Si tienes en cuenta los consejos que acabamos de ver, seguro que puedes mejorar tus razonamientos poco a poco. ¿No crees?
